Distribuidos en el espacio y contenidos en el tiempo

Publicación digital
http://www.lawsonbruno.com.ar/8/ 

txt: Pablo Antonio
registro: Federico Paladino, Bruno Gruppalli y J.S. Bruno



Antes de la nada

Publicación digital
Selección de dibujos 2001-2012
http://www.lawsonbruno.com.ar/7/


Militante afectivo


Sobre la obra de Juan Sebastián Bruno
Txt: Andrés Aizicovich

(para la revista Franceville)









































Básquet, conceptualismo, diseño gráfico, redes sociales, Bauhaus, vacaciones en pareja, la memoria emotiva de los objetos, el espíritu  amateur de los clubes de barrio, la candente actualidad política. ¿Cómo asociar ideas, disciplinas, tradiciones y plataformas tan disímiles?  “La buena onda entre las cosas”  es la respuesta de Juan Sebastián Bruno, artista que formara parte del grupo Suscripción, pioneros  locales a la hora de descontracturar  la relación espectador – obra  a través de espacios donde el  ocio y el pasatiempo minaban la figura obsoleta de un público contemplativo;  la radical idea  de que en algo en apariencia tan descomprometido como es la actividad del relax y el recreo puede desentramarse una ideología que hace del placer una bandera, proponiendo a su vez una metodología educativa basada en la creatividad y en la participación. La vocación de comulgar ligereza y política a la vez se hace presente también en la obra actual de Sebastián Bruno, sumando a ello referencias a su vida íntima, un componente que no se dejaba filtrar en la labor del grupo. Así, los dibujos digitales, las fotos y esculturas en vitrinas en los que viene trabajando los últimos años podrían ser descriptos como el diario de alguien que la pasa bien, la fotografía en su uso más primario y cotidiano: la captura de buenos momentos. En otras piezas, Bruno trabaja aplicando objetos de su vida cotidiana (gomas de borrar, una chapita de cerveza) sobre hitos de la historia de la fotografía en un amplio arco de citas que va de Moholy Nagy y Rodchenko a Wolfgang Tillmans. El resultado son obras que rinden tributo a través de un humor ligero, pero donde la intervención sobre sus homenajeados  no apunta a una irreverencia iconoclasta sino a la admiración de un fan, a la manera de un adolescente que cuelga pósters en su cuarto. Ante todo se trata de ablandar la tradición y nuestro vínculo con la historia. Un acto de gratitud ante el espíritu heróico y las quimeras de las vanguardias que supieron abrirse paso a golpe de machete en el convulsivo clima social y cultural de la primera mitad del s. XX horadando el campo para que los artistas de la actualidad puedan trabajar dotados de mayor liviandad, a partir de códigos más flexibles.
En el trabajo de Juan Sebastián Bruno el placer es entendido como una actividad que se rebela contra la gravedad y el anquilosamiento del elitismo de la alta cultura, la solemnidad del museo y el protocolo de los discursos y statements sobre-elaborados. Una dinámica  afín a la que se presenta en las plataformas de intercambio de imágenes por internet de las que Bruno se nutre, donde el pensamiento en colectividad y la disolución de la autoría, la apropiación desvergonzada, el plagio o la réplica entran en un marco de legalidad cómplice. 
Contrariamente a los artistas que buscan enmascarar, esconder sus influencias y filiaciones, el amoroso acto de favoritear  en Flickr cumple una función no sólo afectiva (y de estímulo para quien recibe la alabanza) sino también de jactancia; transparentar estos  intereses y referencias; evidenciar la copia, el contagio y el remix de imágenes. 
Así, el simple copy and paste adquiere  un matiz político, una toma de posición en épocas donde la ley SOPA, la policía paranoica del copyright y otros paladines del derecho intelectual,  se ungen desde un estrado y tras una peluca polvosa  a dictaminar el bien y el mal golpeteando un martillito de madera, en una suerte de inquisitivo superyó cultural. Sin necesidad de panfletos ni manifiestos, la obra de Juan Sebastián Bruno  aborda estos tópicos y asume partido evitando señalar acusadoramente: un inocente clic a Favoritos también es formar parte de la transformación.

El péndulo




Los objetos que uso para las obras  siempre tienen relación con alguna experiencia personal, en donde la pasé bien, por más mínimo que haya sido ese momento. O sea que son objetos que tienen una carga afectiva. No me interese que este mecanismo de selección se perciba en la obra, pero lo que sí creo que sucede, o al menos me gusta pensar, es que el espectador pueda tener empatía con esos objetos, intuir que me gustan, que estoy encariñados con ellos y que él también puede sentir alguna atracción. 


"El péndulo" tardó varios meses en madurar, hasta poder encontrarle el formato final.  Lo primero que hice fue atar con una tanza la plomada que me habían regalado, después de unos días pensé que estaría bueno que tuviese un objeto en el piso que ayudara a armar el espacio entre la pesa y el piso, para ello tuve que elevar la situación de piso, eso lo hacía más íntimo y exigía acercarse, entonces, en una base blanca apoyé una cuerda de guitarra eléctrica, evocando a la música, generando un tiempo sonoro. Esa cuerda es la memoria del  oscilar del péndulo. Después una maderita roja, de un juego para niños, ayuda a generar más tensión entre las distancias, luego apoye otra partecita de la guitarra y una mini-pelotita de básquet para acentuar el cambio de escala. Entonces, así, el péndulo y los objetos tenían la relación justa para poder lograr esa intuición de movimiento que buscaba.
Por último, la base y la cúpula. Para ellas tenía varias premisas, uno era que la  base no tuviese peso, que fuera la estructura justa, blanda, mínima, para soportar física y visualmente la parte superior; no tenía que quitarle protagonismo al péndulo y sus amigos. La cúpula, de vidrio, la decidí viendo una retrospectiva de Vantongerloo, donde metían las obras dentro de cúpulas. O sea que las obras de un genio del arte cinético, tenían un carácter de pieza histórica, por la forma en que se mostraba. Y esa relación con la historia, el paso del tiempo y la obra, es la que me interesa.

"El péndulo" es la  posibilidad de armar un camino, simple con pocas cosas. Moverme y sentir peso y liviandad a la vez. Como la tensión de una cuerda, o la posibilidad de ser tensada.

"El texto de la obra" selección Silvia Gurfein

Participación en la publicación
Gracias Silvia




Nine views of contemporary argentine photography


FOSTER CATENA EN DOT FIFTYONE GALLERY (MIAMI)

noviembre 2011



Miami, noviembre de 2011. La exhibición Poéticas de la expansión: nueve miradas de la fotografía contemporánea argentina presenta una selección de obras de artistas emergentes y otros de amplia trayectoria cuyas líneas de trabajo evidencian diversas vertientes dentro de la producción artística en Argentina a través de la mirada específica de la fotografía actual. Estos abordajes, que lejos están de inscribirse en una definición clásica del medio fotográfico como procedimiento de registro, dan cuenta de la expansión de un soporte que está redefiniendo sus márgenes. En las últimas décadas, la vertiginosa transformación tecnológica implicó un desborde de los límites tradicionales de la fotografía y el surgimiento de nuevas formas de producción, percepción y circulación de un medio central para pensar el arte contemporáneo a nivel global. Este desarrollo coincide con una época en que la fotografía es revalorizada junto a escenarios cuyas latitudes eran invisibles hasta hace pocos años. En este sentido, la producción argentina que se exhibe en esta oportunidad en el contexto de Miami-un centro primordial de interacción del arte internacional- se inserta en los debates vigentes sobre la producción fotográfica interpelando las posibilidades y redefinición de sus alcances.
La obra de Bruno Dubner explora las bases del medio fotográfico experimentando a través de las huellas de la luz sobre papeles, negativos y diapositivas, o por la mediación de su propio cuerpo entre las películas y selectivas fuentes de luz dentro de un cuarto oscuro. En su trabajo el uso de la cámara se convierte en una opción entre las diversas operaciones con las que reflexiona sobre el soporte fotográfico hasta configurar imágenes y planos de color que nos remiten al conceptualismo.
Dentro de la vertiente de trabajos enraizados en estéticas de la postproducción digital se presentan dos líneas muy diferentes: Jorge Miño exhibe fotografías en gran formato que se manifiestan en arquitecturas transitorias y en movimiento, espacialidades que sugieren la idea de infinito y el cambio constante en la percepción del que las transita con la mirada. Los recursos plásticos que utiliza Miño en la construcción de sus fotografías parece extraerlos de la tradición pictórica: se perciben en las cualidades compositivas, los recursos cromáticos y la diversidad de texturas. Un tinte fantasmal sobre imágenes estrictamente figurativas y otras que bordean la abstracción hace pensar en la inmanencia del tiempo, en lo que ya no está materialmente pero queda presente como una lejanía. Por su parte, la serie Guilty! de Marcelo Grosman se sirve de registros fotográficos de archivos policiales para configurar retratos arquetípicos que dan cuenta de operaciones de las instituciones de control social en la determinación de la culpabilidad. Refiriendo a bases de las teorías decimonónicas sobre la supuesta asociación entre la fisonomía y la naturaleza “criminal” de los sujetos, esta serie de complejos retratos construidos digitalmente por el artista interpelan al espectador en la ambigüedad de la constitución del culpable-víctima como ejercicio político. La textura que configura los rostros y el contundente uso del color nos remiten a la impronta de lo mediático como instrumento discursivo del poder.
   Juan Sebastián Bruno interviene fotografías de Edward Weston y Alexander Rodchenko con recursos formales y compositivos propios de las construcciones abstractas. En el cuidadoso montaje al disponer una selección de objetos sobre las imágenes existentes, Bruno repiensa sentidos y problemáticas recurrentes en la apropiación de discursos artísticos históricos cruzados por su universo personal.
Las naturalezas muertas de Cecilia Lenardón presentan mundos domésticos a través de la delicada disposición de vajilla y recipientes de diversa procedencia sobre fondos cuyas cualidades gráficas y formales completan universos monocromáticos singulares. Cada elemento que los constituye parece ser imprescindible tanto en la estructura de sostén como en la composición de la imagen. Mediante un género clásico pictórico, Lenardón vuelve sobre el mundo cotidiano que habita y lo poetiza.
En sus fotografías, Ignacio Iasparra captura vegetaciones que parecen ilusorias al manifestarse como complejas tramas de color vibrante. Ante ellas, una sensación de extrañamiento nos hace pensar en paisajes del realismo mágico. Las largas exposiciones bajo la luz de la luna convierten a estas bellas imágenes atemáticas en mundos para reflexionar sobre la capacidad de la técnica fotográfica de develar algo que está más allá de la realidad material que presenta y que es propio del arte. Asimismo, las imágenes de Guillermo Ueno no intentan representar ninguna temática específica. Desde el uso de la fotografía analógica y la toma directa, retrata escenas cotidianas de su universo más íntimo y las describe como “koans” -adivinanzas del budismo Zen- que representan “compañeros en una trayectoria errática de ensueño”. El artista parece observar su mundo como un otro que descubre la belleza que subyace en las situaciones más simples, y se vale de la percepción de cada detalle en las cualidades de lo que registra.
    Alejandra Urresti fotografía en detalle una serie de escenografías de programas de televisión por cable: arquitecturas efímeras que presenta con crudeza sin intención de disimular lo provisorio en su factura y la puesta que las rodea. Desprovistas de sus sonrientes habitantes en escena, estas construcciones espaciales nos interpelan ante un silencio atemporal, se presentan inmóviles para que el que las observa las provea de sentido.
Finalmente, el colectivo de artistas Oligatega -Mateo Amaral, Maximiliano Bellmann, Alfio Demestre y Mariano Giraud- aborda su producción en la construcción de escenarios que devienen de la literatura de ciencia ficción, recurren al absurdo y a su vez a un humor crítico. Sus imágenes surgen frecuentemente en la subversión en el uso de las tecnologías, reutilizan los desechos culturales para tergiversar los sentidos de los territorios, personajes, objetos y materiales encontrados.


Polideportivo 2011

Bruno Gruppalli y Juan Sebastián Bruno / Rosario / Cultutra Pasajera
playlist - Nadia Islas Lawson
txt.- Andrés Aizicovich

ver publicación digital: http://www.lawsonbruno.com.ar/5/












"Capucha mojada y gorra 1 y 2" fotografía, 2011





"la piedra en la cascada" fotografía, 2011

"Download Rodchenko" fotografía, 2011



lalettredelaphotographie 29/06/2011


por. Catherine Tanazacq de Stigliano
Juan Sebastián Bruno (1975, Puebla, Mexico) is the winner of the Foster Catena prize 2010, awarded every year by this gallery in Buenos Aires, specialized in contemporary photography. The prize includes a solo show in the gallery next year, where Bruno will present Espacio Tiempo (Space Time), a series of photographs alongside objects.
Originally from the design arena, Juan Sebastián Bruno revisits in the exposed works the formal speech of the early 20th century avant-gardes, through the use materials and their relationship with fragility, a recurrent problematic in the contemporary art.
In the Download series, he explores the link between photography and abstraction, integrating two masters with experience in the field: Edward Weston and Alexander Rodchenko. Bruno overlaps abstract geometrical meaningless everyday objects with images from the two artists downloaded from the Internet. The new composition is thus photographed and integrated as objects in the fragile installations. Bruno mixes the formal aspect of object with its particular function, creating subtle links with photography, making reference to the content of the work of these two great photographers.

Arte al día, martes 19 de julio, 2011


Conceptos capitales, primordialmente inseparables.
por Viviana Saavedra

¿Cuánta agua debe correr para que una catarata sea posible? ¿Qué cantidad mínima de agua es necesaria para poner un potus en un vaso (y que sobreviva)? ¿Hasta dónde se puede intervenir en el universo de los objetos y las imágenes para crear nuevos sentidos de nociones tan vastas como las de tiempo y espacio?
Imposición sería el concepto (o el mecanismo) más probable para referirse a la operación artística que consuma Juan Sebastián Bruno (Premio Foster-Catena 2010). Una instalación que incluye fotografías, dibujos digitales y objetos. Imposición, sería el término, utilizado en el sentido positivo de cargar, aplicar, tributar; no desde la acepción de "exigencia desmedida con que se trata de obligar a alguien", sino más bien (y sobre todo) en el sentido espiritual con el que se imponen las manos. Con sus manos (y con la idea), el artista mueve las piezas elegidas para este juego: las avecina hasta yuxtaponerlas. Cada objeto, cada imagen, son designados para tomar lugar en un tiempo y un espacio posible para ordenar un relato oscilante y concluyente a un mismo tiempo. Una goma de borrar se integra en toda su plenitud de objeto a la imagen de una arquitectura, otorgándole, en esa impostura, el enigma necesario para comenzar a descubrir las analogías
que ajustan este conjunto de obras.
Los opuestos se integran ilusoriamente: todo es diferente, todo resuena en sintonía. Hay indicios de lo que en otro tiempo fueron sonidos, voces: el agua que fluye, auriculares, parlantes. La figura humana aparece sólo como vestigio, únicamente revelada por la imposición (nuevamente) de los objetos: una capucha mojada, una esfera oscura y contundente, sutiles líneas geométricas que reescriben un torso. El vestigio, a su vez, es el elemento propiciador de la memoria para la evocación de otro tiempo, de otro arte, en el que la utopía era posible.
En su conjunto estos fragmentos conforman un dispositivo que espera, al acecho, para desplegar todo su potencial de acción. Listo para propiciar que el tiempo y el espacio se conjuguen para atravesarnos (una vez más).

espacio tiempo

foster catena, 15/5/2011


Las cosas que nos gustan nos excitan. Nos hacen intuir un mundo del cual nos sentimos cerca, pero del cual no estamos muy seguros cómo nos implica, cómo nos participa. La emoción nos lanza un poco por acá, un poco por allá y excitados intentamos reproducirlo, ensayarlo, practicarlo, habitarlo, conocerlo y hacerlo realidad. Intuimos que [ese mundo] tiene una forma y una sensibilidad, y existe una inquietud que consiste en conectar la una con la otra a nuestro modo: hacer nuestra versión y ocupar la parcela que nos esté destinada. Ya no nos importa mucho si es algo original, queremos conocer la forma de lo que sentimos y la sensibilidad que se corresponde con esas formas y entender la profundidad que creemos le es propia. Pero queremos además que tenga nuestra forma y que nazca del fondo de nuestras necesidades, del fondo de nuestras sensaciones. Que contenga el heroísmo y la humildad de nuestro caso: ja: nuestra comedia musical. Y nuestra comedia está hecha de todas las cosas que consumimos: imágenes, objetos, arte, naturaleza, amor, sonido, cinismo y mucha cultura pop. Por eso también intuimos que es universal y que nos excede, que nos comunica. Cada uno de nosotros es en definitiva un compuesto original que conjuga y sintetiza orgánicamente pedazos dispersos de cultura y recuerdos de vida en la cultura.

Esos pedazos nos dan una estructura: la vibración de una cuerda, el rebote de una pelota de básquet (con su imagen en alguna cancha solitaria y de cemento gris), la negación de una goma, el aleteo de la cinta de papel, la rigidez y timidez de una madera roja, la visión rota de un sonido viejo, pero sobre todo la voluptuosidad de la distancia y el modo en que esos elementos se relacionan para expresar ese proceso que todavía vincula al arte con la vida cotidiana. Entonces: abstracción, pura forma + la expresión y homenaje a los autores de los que estamos hechos + el peso de los detalles: las cosas que evocan recuerdos: que todavía no son arte, pero que parecen ponernos en la pista del arte y nos incentivan.

Las formas son conjugaciones de elementos, unen pedazos y cuando uno quiere ver en qué consiste su unidad, sólo encuentra que son pedazos y duplicaciones de pedazos y las operaciones que les dan vida son variaciones de operaciones, y las fotos abstracciones, y las abstracciones, relaciones. Pero los elementos que componen las formas no tienen su razón de ser en la forma que acaban constituyendo, sino en la carga afectiva de la que ya vienen investidos. Como si una fuerza esotérica y espiritual los cargara de su historia y los marcara. No se hacen figuras con elementos, sino que se ponen estos objetos de la memoria, del gusto, del cajón, del estilo, de la escena pop a interactuar… para ver qué se hacen los unos a los otros. Los objetos están cargados de una vida que en parte les es propia, en parte pertenece a quien los poseía: efecto de brujería: disposición de formas, sentimientos y efecto de suspensión- acción y detención: no sabemos si alguien rompe el vidrio en medio de un ataque histérico o si la foto -que el vidrio debiera contener- lo rompe por fuerza de su sonido, o de su visión interna. Estos objetos parecen haber sido conductores eléctricos de escenas que los trascienden o que sintetizan. 

La profundidad de las formas está en las fuerzas que contienen, en el aprendizaje que implican: histeria del péndulo que quiere rozar sobre la cuerda plegada, retraimiento y tensión de la maderita ante la cuerda, éxtasis de la piedra en el baño de la cascada (y perspectiva vertiginosa), paz de las aves sobre las cataratas, sutileza e imposición orgánica del auricular, desesperación de las gomas que observan y soportan el cuchicheo de los firuletes de cinta de papel. Tentación de medirlos según la vara de lo que no sucede. Como si estuvieran afectados de una impotencia: jamás el rojo madera y la cuerda se juntarán. Pero si uno cede a la tentación no ve que las cosas, existen y se vinculan de esa manera, gracias a una fricción, efecto a distancia, y que esa interacción, es una forma. Voyeurismo, sometimiento y pudor de la duración que se suspende. Y esa suspensión es su filo y su hábitat glaciar. No porque los objetos estén detenidos estáticamente, de hecho uno puede intuir un movimiento imperceptible que se hace en ellos, así también como las paletas de ping pong disponen en el espacio el paso del tiempo.  

Pablo Antonio









Al llegar a la casa de los pavos reales
te encontrás frente a un portal 
apenas lo cruzas
un tunel de piedra
en cúpula unas columnas enroscadas del mismo material
y un cielo de cristales muy bien coloreados 
nadie imaginaría
que 
atravesando el tunel hiperbarroco romántico 
y elevándonos dos pisos en el espacio espacio tiempo
llegaríamos a un cuarto tan blanco
tan tan blanco
el planeta uterg de gestación genética de la blancura
aunque el blanco no es blanco
el rojo no es blanco
el azul no es blanco
el rojo y el azul y el blanco estan en el blanco
En definitiva siempre se está TODO BIEN CON TODO acá.
Aunque simule ser hermético.
Constructivismo Cordobés Ranchero.
Ese mismo que supera la mentalidad zen porque repito 
ACA ESTÁ TODO BIEN CON TODO. Porque apenas se ha posado 
el hilo blanco azul rojo siempre estará acorde con la belleza. 
Por esa razón todo se revaloriza en 
la cuerda de guitarra que espero durante veinte años que no la toquen para mostrarse en la cúpula de vidrio de la bella durmiente. 

y ya que llegamos al fondo
la punta la línea no están sobre el plano

entonces
estamos en white world y vicente golpea la puerta
nada escapa al tiempo en la realidad 3D sin embargo en 
los genes méxico cordobeses
eso no importa porque ahí también se encuentra el buen vivir 
del festejante por mas formalista que sea.


Natalia Cristófano y Lionel Zanarini