Hall de entrada / Edificio Fitz Roy 2231



Instalación para un microcine 2020 - Espacio Damasco

Dibujo impreso, proyección, música y fotocopias

Pasto 2019 (Instalación)


 Por Barbi Golubicki

Desplegado en Galería Pasto, el trabajo de Juan Sebastián Bruno evoca esa camaradería de los objetos con la que soñó alguna la vanguardia rusa: áreas racionalizadas y transparentes, herramientas que moldean a sus usuarios, idiomas morfológicamente depurados. Algo de ese imaginario revisa Bruno: tres mesas de distintos tamaños donde descansan pequeños volúmenes geométricos, un grupo de estantes en los que se apoyan otras piezas pequeñas, como hallazgos seriados, y sobre las paredes una pintura monocroma y una estructura bidimensional en forma de escalera que componen un espacio que oscila entre las dinámicas del escritorio y el estudio, y el imaginario laboral del tablero de proyectista.
Bruno diagrama esta comunidad por vía de una atenuación generalizada. Neutraliza los materiales con los que trabaja a partir de un uso disciplinado de los colores. Gracias a la aplicación del esmalte sintético resalta las formas y las relaciones entre ellas reduciendo la intensidad y singularidad de cada una de las piezas. De este modo, toda la gramática constructivista de la instalación (que cita ostensiblemente al Worker´s Club que Alexander Rodchenko presentó en 1925 en la Exposición Universal de Artes Decorativas y Arte Industrial Moderno en París) replica el gesto que la inspira: sustrae a los objetos del circuito del valor. Sin embargo, así como se rehúsa al arquetipo mercantil de la obra, estática, fetichizada, ornamental, en suma, decididamente falsa; tampoco repite el contramodelo funcionalista: las piezas aparecen ajenas al mundo del uso, de la plenitud de lo concreto y lo herramental, y por lo tanto, de lo verdadero. Por lo contrario, Bruno se detiene en los objetos, los abstrae en estilos y los esquematiza en maquetas, los traduce a la retórica higiénica del diseño. La operación parecería querer revertirlos a un estado ni utilitario, ni decorativo, más bien virtual, una operación por la que el circuito del que son extraídos es el de la semántica, el de la narración, el de la producción de sentido. Para reinsertarlos entonces, dentro de un proceso que fluctúa entre la proyección y sus efectos materiales, en el que sus elementos funcionan menos como unidades de una colección que como fuerzas y vectores que se congregan recíprocamente y que no se pueden separar.


Munar Arte 2018 "El ritmo y la línea"

PASTO Galería

¿Qué fue primero el ritmo o la línea? La vibración que se origina del encuentro entre las obras de Juan Sebastián Bruno y Donjo León explota en varias direcciones y sentidos. Danza alrededor de la sala de exposiciones, rebota en el techo, e impacta finalmente en el cuerpo de la audiencia, que recibe esa energía como una tensión amable o como un susurro al oído. Un abrazo entre nociones binarias con frecuencia enfrentadas: forma y espíritu, atención y trascendencia, austeridad y belleza, reflexión y deseo… Y así un buen número de principios y pistas que, por fin reconciliados, ponen en relieve cómo aquello de “Dios está en los detalles” supone el antecedente de todo análisis materialista.
Cruz, de Juan Sebastián Bruno exprime esa economía de la optimización compositiva y pragmática que no renuncia a un plano absoluto: un mínimo de forma, casi un esqueleto, abstracto y pegado a la idea, por un máximo de experiencia terrenal. La cruz arrumbada, todavía majestuosa, reclamando un sentido elevado para todos los objetos ordinarios y cotidianos, para nuestra segunda naturaleza, la artificial, aquella que con sus manos fabrican los obreros.
Ese ámbito, el de los objetos de este mundo, es donde la línea al suelo que dibuja la cruz de Bruno se une con el dispositivo escultórico y sonoro de Donjo León. Una máquina mística que se propone representar lo apenas visible, la parte de la realidad que no se agota en el ojo, a través del sonido y la utilería, cuando las operaciones técnicas nada tienen que ver con la destreza electrónica o ingenieril. La música de Campanario es la presencia que queda de un sistema en el que la gravedad y el peso interactúan con el azar y el agua. Imposible no recordar la música de las esferas, casi una versión terrenal de una arquitectura del cielo, un recuerdo sinestésico que hace del color la puesta en acto de una onda cualquiera.
El ritmo y la línea nos transporta a un universo de secuencias mágicas, formas de un religiosidad plebeya y combinaciones plásticas. Campo de operaciones lúdicas, y no por ello menos alquímicas, la geometría blanda y afectiva de Juan Sebastián Bruno y Donjo León se separa de las certezas y abusos del cálculo o del álgebra. Este es un espacio alternativo para una sensibilidad aumentada, que hace posible percibir un sonido o una fuerza sin urgencias, según sus propios ritmos, rendidos a su potencia ilimitada.

https://artemunar.com.ar/expo/elritmoylalinea/







Serie: Pensamiento vectorial

1, 2 y 3
90cm x 65cm
Impresión color a chorro de tinta en papel Hahnemuhle Bamboo 290gr





ArteBa 2017- Pasto Galeria

Sin título. 2017
1.7m x 2m - Madera y esmalte sintético





arteBA Focus / Distrito de las Artes 2016

"Cruz obrera"
Site-specific
Hierro y esmalte sintético
10 m x 6 m














 












MECANISMOS PARA CONSTRUIR UNA OBRA ANDRES SOBRINO / JUAN SEBASTIAN BRUNO

Desde le 2013 trabajamos sobre una serie de ejercicios prácticos y desarrollos de obra orientados a la creación de métodos y procesos de construcción o ejecución de una obra.

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